Buenos días, párate un momento. Relájate y respira hondo. Dios está aquí, contigo, escuchándote.
Lo más importante ahora eres tú.
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, Amén.
Buenos días, párate un momento. Relájate y respira hondo. Dios está aquí, contigo, escuchándote.
Lo más importante ahora eres tú.
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, Amén.
Marcos 6, 1-6:
"No pudo hacer allí ningún milagro, sólo curó algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y se extrañó de su falta de fe. Y recorría los pueblos de alrededor enseñando".
Nos cuesta mucho aceptar a Jesús en la sencillez y desde la humildad.
Nos gusta verlo más con aureolas, mantos y nubes que con una sierra o una azada en las manos.
Ya les pasó esto a sus paisanos que lo vieron trabajar con sus manos en el taller de San José.
No se explicaban ni su sabiduría ni sus milagros.
Dios no podía actuar por medio de unas manos encallecidas.
Les resultaba escandaloso que uno de los suyos hiciera lo que hacía y dijera lo que decía.
No busques a Dios en las cosas extraordinarias. Busca a Dios en lo ordinario de la vida.
En lo más cotidiano, vulgar y corriente Él te va a encontrar y tú te vas a encontrar con Él.
Intenta descubrirlo hoy en la normalidad de tu jornada.
Buenos días.
Comenzamos dando los buenos días a María y a Jesús.
No te distraigas y sigue pensando en el día de hoy: ¿Qué cosas vas a hacer? ¿A qué personas vas a ver hoy? ¿De qué juegos vas a disfrutar hoy?
Ahora piensa en Jesús, cómo pasaría él un día de su vida siendo niño. ¿Qué cosas haría? ¿A qué jugaría? ¿A qué lugares iría? ¿Quién lo acompañaría?
Parece que no sería tan diferente su día al nuestro, ¿no?
Jesús se hizo hombre para enseñarnos que podemos vivir como él cada día.
Padrenuestro.
Marcos 5, 21-43:
"Tú fe te ha curado...no temas basta que tengas fe".
En el Evangelio de hoy se dan dos situaciones de pobreza:
* La de una mujer que ha gastado toda su fortuna para recobrar la salud y no ser humillada e ignorada por su pueblo.
* La de Jairo, jefe de la sinagoga, impotente y pobre ante la certera muerte de su hija.
Pero los dos recurren a Jesús con una enorme fe y es la fe la que los salva.
- A una le dice Jesús: "tu fe te ha curado".
- Al otro, Jesús se dirige a él con estas palabras: "no temas; basta que tengas fe".
Deja que Jesús ponga sus manos sobre tí y te transforme con su amor y su misericordia.
Déjate también ayudar por Jesús para que Él te levante de todo desánimo y te ayude a no dar nunca ninguna situación por pérdida.
¡No temas nunca!. ¡Basta que tengas fe!.
Buenos días.