Cuando Jesús acabó de lavar los pies a sus discípulos, les dijo: «Os aseguro, el criado no es más que su amo, ni el enviado es más que el que lo envía. Puesto que sabéis esto, dichosos vosotros si lo ponéis en práctica. No lo digo por todos vosotros; yo sé bien a quiénes he elegido, pero tiene que cumplirse la Escritura: ‘El que compartía mi pan me ha traicionado’. Os lo digo ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda creáis que yo soy. Os lo aseguro: El que recibe a mi enviado me recibe a mí; y el que a mí me recibe, recibe al que me ha enviado».
Buenos días a todos, hemos llegado a la mitad de la semana.
Para comenzar la oración de hoy, te pedimos que escuches el sonido que está a tu alrededor. Cierra los ojos, respira y al soltar el aire, siente la relajación que te deja. Es el momento de que dejes que entre por tu oído todos los sonidos que puedas recibir desde donde estás, presta atención, intenta saber de dónde vienen. Todos ellos nos aportaban información de nuestro entorno.
Cada persona tiene su propio sonido, al hablar, al respirar, al andar, al reír, el latido de nuestro corazón... todos ellos nos hace diferentes. Pensad en esa cualidad que os hace ÚNICOS E IRREPETIBLES.
En esta canción, encontrarás mensajes que te harán pensar lo importante que eres para los demás, escúchala y recuerda alguna palabra que lo exprese.
Lo que somos, lo que Dios creó en nosotros para hacernos ÚNICOS, eso mismo es lo que necesita este mundo para ser un mundo comprensivo, acogedor... un mundo mejor.
Jesús dijo, gritando: El que cree en mí, no cree en mí, sino en el que me ha enviado. Y el que me ve a mí ve al que me ha enviado. Yo he venido al mundo como luz, y así, el que cree en mí no quedará en tinieblas. Al que oiga mis palabras y no las cumpla yo no lo juzgo, porque no he venido para juzgar al mundo, sino para salvar al mundo. El que me rechaza y no acepta mis palabras tiene quien lo juzgue: la palabra que yo he pronunciado, esa lo juzgará en el último día. Porque yo no he hablado por cuenta mía; el Padre que me envió es quien me ha ordenado lo que he de decir y cómo he de hablar. Y sé que su mandato es vida eterna. Por tanto, lo que yo hablo lo hablo como me ha encargado el Padre.