Buenos días, vamos a hacer un momento de silencio, respira tranquilamente y olvídate de todo lo demás. En este momento eres tú. Es ahora... Dios está aquí.
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, Amén.
Buenos días, vamos a hacer un momento de silencio, respira tranquilamente y olvídate de todo lo demás. En este momento eres tú. Es ahora... Dios está aquí.
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, Amén.
En aquel tiempo, decía Jesús:
«A qué es semejante el reino de Dios o a qué lo compararé?
Es semejante a un grano de mostaza que un hombre toma y siembra en su huerto; creció, se hizo un árbol y los pájaros del cielo anidaron en sus ramas».
Y dijo de nuevo:
«¿A qué compararé el reino de Dios?
Es semejante a la levadura que una mujer tomó y metió en tres medidas de harina, hasta que todo fermentó».
Empezamos dándole los buenos días a Jesús y a María. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, Amén.
Hoy cantamos a María de una manera muy especial.
Terminamos nuestra oración pidiéndole a María por todas las madres y padres del mundo,
Jesús estaba un sábado enseñando en una sinagoga, y había una mujer a la que un espíritu tenía enferma hacía dieciocho años; estaba encorvada, y no podía en modo alguno enderezarse. Al verla Jesús, la llamó y le dijo: «Mujer, quedas libre de tu enfermedad». Y le impuso las manos. Y al instante se enderezó, y glorificaba a Dios.
Pero el jefe de la sinagoga, indignado de que Jesús hubiese hecho una curación en sábado, decía a la gente: «Hay seis días en que se puede trabajar; venid, pues, esos días a curaros, y no en día de sábado». Le replicó el Señor: «¡Hipócritas! ¿No desatáis del pesebre todos vosotros en sábado a vuestro buey o vuestro asno para llevarlos a abrevar? Y a esta, que es hija de Abraham, a la que ató Satanás hace ya dieciocho años, ¿no estaba bien desatarla de esta ligadura en día de sábado?»
Y cuando decía estas cosas, sus adversarios quedaban confundidos, mientras que toda la gente se alegraba con las maravillas que hacía.