¡Buenos días a todos!
Os invitamos a escuchar este cuento:
- ¿Qué le pasaba al arbolito?
- ¿A quién le pidió ayuda?
- ¿Quién le ayudó verdaderamente?
- ¿Cómo ayudas tú a la naturaleza? ¿A mantener la ciudad y el campo limpio?
¡Buenos días a todos!
Os invitamos a escuchar este cuento:
Alaba, alma mía, al Señor:
alabaré al Señor mientras viva,
tañeré para mi Dios mientras exista.
Que mantiene su fidelidad perpetuamente,
que hace justicia a los oprimidos,
que da pan a los hambrientos.
El Señor liberta a los cautivos.
El Señor abre los ojos al ciego,
el Señor endereza a los que ya se doblan,
el Señor ama a los justos.
El Señor guarda a los peregrinos.
Sustenta al huérfano y a la viuda
y trastorna el camino de los malvados.
El Señor reina eternamente,
tu Dios, Sión, de edad en edad.
¡Buenos días a todos!
Hay gente que habla de los niños como si todos fuésemos iguales, como si a todos nos gustara lo mismo. Pero no es verdad y Jesús nos conoce a cada uno como somos. Y nos quiere a cada uno como somos. Jesús también me dice a mí: “Yo soy tu pastor y te cuidaré”.
- ¿Por qué hay personas que piensan que todos somos iguales?
- ¿Qué importancia tiene que seamos distintos?
Padrenuestro.
Un escriba se acercó a Jesús y le preguntó: «¿Qué mandamiento es el primero de todos?» Jesús respondió: «El primero es: ‘Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser’. El segundo es este: ‘Amarás a tu prójimo como a ti mismo’. No hay mandamiento mayor que estos».
El escriba replicó: «Muy bien, Maestro, tienes razón cuando dices que el Señor es uno solo y no hay otro fuera de él; y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios».
Jesús, viendo que había respondido sensatamente, le dijo: «No estás lejos del reino de Dios». Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.