Viernes 4 de junio

 ¡Buenos días a todos!

Os invitamos a escuchar este cuento:



  • ¿Qué le pasaba al arbolito?
  • ¿A quién le pidió ayuda?
  • ¿Quién le ayudó verdaderamente?
  • ¿Cómo ayudas tú a la naturaleza? ¿A mantener la ciudad y el campo limpio?
 Dios no ha hecho un regalo precioso, nuestro planeta verde. Le damos las gracias por este regalo, prometemos cuidarlo y conservarlo lo mejor que podamos.

Lectura del 4 de junio

 
Sal 145

Alaba, alma mía, al Señor:

alabaré al Señor mientras viva,

tañeré para mi Dios mientras exista.

Que mantiene su fidelidad perpetuamente,

que hace justicia a los oprimidos,

que da pan a los hambrientos.

El Señor liberta a los cautivos.

El Señor abre los ojos al ciego,

el Señor endereza a los que ya se doblan,

el Señor ama a los justos.

El Señor guarda a los peregrinos.

Sustenta al huérfano y a la viuda

y trastorna el camino de los malvados.

El Señor reina eternamente,

tu Dios, Sión, de edad en edad.


 

Jueves 3 de junio

 ¡Buenos días a todos!

Hay gente que habla de los niños como si todos fuésemos iguales, como si a todos nos gustara lo mismo. Pero no es verdad y Jesús nos conoce a cada uno como somos. Y nos quiere a cada uno como somos. Jesús también me dice a mí: “Yo soy tu pastor y te cuidaré”.


- ¿Qué es lo que más te ha gustado de la canción?

- ¿Por qué hay personas que piensan que todos somos iguales? 

- ¿Qué importancia tiene que seamos distintos?


Padrenuestro.



Evangelio del 3 de junio

Mc 12, 28-34

Un escriba se acercó a Jesús y le preguntó: «¿Qué mandamiento es el primero de todos?» Jesús respondió: «El primero es: ‘Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser’. El segundo es este: ‘Amarás a tu prójimo como a ti mismo’. No hay mandamiento mayor que estos».

El escriba replicó: «Muy bien, Maestro, tienes razón cuando dices que el Señor es uno solo y no hay otro fuera de él; y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios».

Jesús, viendo que había respondido sensatamente, le dijo: «No estás lejos del reino de Dios». Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.