Jesús dijo a sus discípulos: «Habéis oído que se dijo: ‘Ojo por ojo, diente por diente’. Yo, en cambio, os digo: No hagáis frente al que os agravia. Al contrario, si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra; al que quiera ponerte pleito para quitarte la túnica, dale también la capa; a quien te requiera para caminar una milla, acompáñale dos; a quien te pide, dale, y al que te pide prestado, no lo rehúyas».
Buenos días a todos, finalizamos otra semana y ya no nos queda nada.
- ¿Qué significa incluir a todos en el algo, en un trabajo, en el patio o en el juego?
- ¿Todos somos iguales? ¿Nos sentimos bien cuando nos tratan bien? ¿Y al tratarnos mal o se ríen de nosotros?
Comenzamos este ratito de encuentro con Jesús, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, Amén.
- ¿Qué le ocurre a Ian?
- ¿Cómo le tratan los demás?
- Si ahora todos tuviéramos la oportunidad de ponernos en la piel de Ian, ¿cómo nos sentiríamos si nos tratasen así?
- ¿Por qué ocurre esto?
Desde el momento que Dios nos creó, nos hizo diferentes y esa diversidad hace que el mundo sea maravilloso, a veces nos cuesta reconocer el valor de la diversidad, por eso hoy Jesús te pedimos que nos ayudes a apreciar la importancia del respeto mutuo y el valor de la diversidad.
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Habéis oído el mandamiento "no cometerás adulterio". Pues yo os digo: El que mira a una mujer casada deseándola, ya ha sido adúltero con ella en su interior. Si tu ojo derecho te hace caer, sácatelo y tíralo. Más te vale perder un miembro que ser echado entero en el infierno. Si tu mano derecha te hace caer, córtatela y tírala, porque más te vale perder un miembro que ir a parar entero al infierno. Está mandado: "El que se divorcie de su mujer, que le dé acta de repudio." Pues yo os digo: El que se divorcie de su mujer, excepto en caso de impureza, la induce al adulterio, y el que se case con la divorciada comete adulterio.»