Buenos días a todos. El domingo día 1, comenzamos el mes de mayo, el mes de las flores, el mes dedicado a María.
Viernes 6 de mayo
Evangelio del 6 de mayo
Jn 6, 52-59
Los judíos disputaban entre sí: «¿Cómo puede este darnos a comer su carne?» Entonces Jesús les dijo: «Os aseguro que, si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. El Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que me come vivirá por mí. Este es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre».
Esto lo dijo Jesús en la sinagoga, cuando enseñaba en Cafarnaún.
Jueves 5 de mayo
Buenos días a todos.
Vamos a seguir conociendo cada día un poquito más sobre nuestra Buena Madre, María.
María estaba tan alegre, que tuvo la necesidad de transmitir y comunicar su felicidad a todos. Porque toda alegría compartida se multiplica.
Hoy vamos a procurar ser amables con los demás y respetar sus sentimientos.
¿Por qué lloraba Simón?
¿Qué hizo Simón para que no le llamaran llorón? ¿Y con las lágrimas de los demás?
¿Son importantes las lágrimas? ¿Se entiende la gente sin lágrimas? ¿Para qué sirven?
La ilusión de Simón, era ayudar a la gente. Él pensaba que si recogía todas las lágrimas, las personas serían más felices.
Sin embargo, las lágrimas sirven para expresar nuestros diferentes sentimientos y hacen que la gente nos pueda comprender. Esto mismo nos lo dice María, ella necesita comunicar que está alegre a los demás.
Evangelio del 5 de mayo
Jn 6, 44-51
Jesús dijo a la gente: «Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me ha enviado. Y yo lo resucitaré el último día. Está escrito en los profetas: ‘Serán todos discípulos de Dios’. Todo el que escucha lo que dice el Padre y aprende viene a mí. No es que nadie haya visto al Padre, a no ser el que procede de Dios: ese ha visto al Padre. Os lo aseguro: el que cree tiene vida eterna. Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron en el desierto el maná y murieron: este es el pan que baja del cielo, para que el hombre coma de él y no muera. Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo».