«Es imposible que no haya escándalos; pero ¡ay de quien los provoca!
Al que escandaliza a uno de estos pequeños, más le valdría que le ataran al cuello una piedra de molino y lo arrojasen al mar. Tened cuidado.
Si tu hermano te ofende, repréndelo, y si se arrepiente, perdónalo; si te ofende siete veces en un día, y siete veces vuelve a decirte: “Me arrepiento”, lo perdonarás».
Los apóstoles le dijeron al Señor:
«Auméntanos la fe».
El Señor dijo:
«Si tuvierais fe como un granito de mostaza, diríais a esa morera: “Arráncate de raíz y plántate en el mar”, y os obedecería».
Damos los buenos días a Jesús, le saludamos y comenzamos unidos en la oración: en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, Amén.
Cuando viene el mal tiempo, el frío, las nubes, ... no es tan fácil estar tranquilos y con la misma alegría. Comencemos el día de hoy con calma, con una sonrisa de oreja a oreja porque tenemos mucha suerte... ¡Jesús estaba esperándote con muchísimas ganas! Respira, saluda a Jesús y unidos empezamos la oración: en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, Amén.
Cierra un momento los ojos, piensa en Jesús y también en todos esos seres queridos de los que llevamos hablando las últimas semanas. Hoy TODOS ellos quieren decirte algo a través de esta canción. Imagina que te la están cantando ellos...
Jesús y todos los que ya han resucitado nos quieren decir que están junto a nosotros, que no caminamos nunca solos y que estarán a nuestro lado para celebrar con nosotros nuestras alegrías y también para animarnos cuando estemos tristes.
«Un hombre rico tenía un administrador, a quien acusaron ante él de derrochar sus bienes.
Entonces lo llamó y le dijo:
“¿Qué es eso que estoy oyendo de ti? Dame cuenta de tu administración, porque en adelante no podrás seguir administrando”.
El administrador se puso a decir para sí:
“¿Qué voy a hacer, pues mi señor me quita la administración? Para cavar no tengo fuerzas; mendigar me da vergüenza. Ya sé lo que voy a hacer para que, cuando me echen de la administración, encuentre quien me reciba en su casa”.
Fue llamando uno a uno a los deudores de su amo y dijo al primero:
“¿Cuánto debes a mi amo?”.
Este respondió:
“Cien barriles de aceite».
Él le dijo:
«Toma tu recibo; aprisa, siéntate y escribe cincuenta”.
Luego dijo a otro:
“Y tú, ¿ cuánto debes?”.
Él dijo:
“Cien fanegas de trigo”.
Le dice:
“Toma tu recibo y escribe ochenta”.
Y el amo alabó al administrador injusto, porque había actuado con astucia. Ciertamente, los hijos de este mundo son más astutos con su propia gente que los hijos de la luz».