Vamos a comenzar nuestra oración con un momento de silencio, respira tranquilamente y olvídate de todo lo demás .
Hazte consciente de los sonidos al entrar el aire por nuestra nariz y soltarlo por la boca. Vamos a respirar profundamente unas 3 veces, cada uno a su ritmo.
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, Amén.
A lo largo del día escuchamos muchas palabras, unas bonitas, otras feas, algunas puede que no las entendamos. Pero ¿cuáles son las palabras que más te gustaría escuchar?
El objetivo es darle importancia a esas palabras bonitas que escuchamos en nuestro día a día.
En aquel tiempo, dijo el Señor: «¡Ay de vosotros, fariseos, que pagáis el diezmo de la hierbabuena, de la ruda y de toda clase de legumbres, mientras pasáis por alto el derecho y el amor de Dios! Esto habría que practicar, sin descuidar aquello. ¡Ay de vosotros, fariseos, que os encantan los asientos de honor en las sinagogas y las reverencias por la calle! ¡Ay de vosotros, que sois como tumbas sin señal, que la gente pisa sin saberlo!»
Un maestro de la Ley intervino y le dijo: «Maestro, diciendo eso nos ofendes también a nosotros.»
Jesús replicó: «¡Ay de vosotros también, maestros de la Ley, que abrumáis a la gente con cargas insoportables, mientras vosotros no las tocáis ni con un dedo!»
En aquel tiempo, cuando Jesús terminó de hablar, un fariseo lo invitó a comer a su casa. Él entró y se puso a la mesa. Como el fariseo se sorprendió al ver que no se lavaba las manos antes de comer, el Señor le dijo: «Vosotros, los fariseos, limpiáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro rebosáis de robos y maldades. ¡Necios! El que hizo lo de fuera, ¿no hizo también lo de dentro? Dad limosna de lo de dentro, y lo tendréis limpio todo.»
Adaptación de Lc 11, 42-46
Ay de vosotros, que perdéis el tiempo en batallas que a nadie interesan más que a vuestro yo, tan invasivo y tan pretencioso a veces.
Ay de vosotros, que convertís las tradiciones en losas, y los ritos en cepos.
Ay de vosotros, que dogmatizáis la costumbre y os acostumbráis a la injusticia.
Ay de vosotros, que convertís las redes sociales en campo de batalla de egos viscosos.
Ay de vosotros, que habláis con frivolidad de los pobres desde la comodidad de vuestros salones donde no falta de nada.
Ay de vosotros, que os entretenéis en esgrima verbal solo para servir a vuestra vanidad.