Lunes 27 de septiembre

¡Buenos días y bienvenidos al cole un día más! 


Comenzamos nuestra oración en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.


En esta mañana le vamos a decir a Jesús que queremos estar junto a él. ¿Y cómo se lo vamos a decir? Pues muy sencillo. En primer lugar, nos sentamos, dejamos todo lo que tenemos entre las manos: los juguetes, las cosas. Ahora guardamos silencio, cerramos las boquitas, juntamos nuestras manos, cerramos los ojos y pensamos en Jesús.


Oh Jesús, tú estás conmigo, qué feliz me siento.

Qué alegre estoy junto a ti.

Gracias por quererme tanto y ayudarme a ser feliz.


En esta mañana vamos a escuchar un cuento preciso llamado "Patricio, el patito parlanchín":


- ¿Por qué crees que el patito parlanchín hablaba tanto?
- ¿Por qué crees que se olvidó de escuchar a sus amigos?
- ¿Crees que era importante que escuchase a sus amigos?
- ¿Por qué crees que sus amigos dejaron de escucharle?
- ¿Cómo crees que se sentían sus amigos?
- ¿Cómo se sintió entonces el patito parlanchín?
- ¿Por qué decidió reunir a sus amigos?
Piensa en alguna ocasión en la que te hayas hablado sin escuchar a los demás: 
 - ¿Cómo crees que se sentían? 
 - ¿Crees que escuchar es importante? 
 - ¿Cómo reaccionaron cuando no les escuchaste?

Piensa en la persona a la que te gustaría escuchar esta semana: a un amigo/a, a tu mamá, a tu abuelo, tu prima, tu tía, un vecino, a tu seño, etc...

Terminamos la oración rezando juntos un PADRENUESTRO

Evangelio del 27 de septiembre


Lc 9, 46-50

Los discípulos se pusieron a discutir quién era el más importante. Jesús, adivinando lo que pensaban, tomó de la mano a un niño, lo puso a su lado y les dijo: «El que acoge a este niño en mi nombre me acoge a mí; y el que me acoge a mí acoge al que me ha enviado. El más pequeño de vosotros es el más importante».

Juan tomó la palabra y dijo: «Maestro, hemos visto a uno que echaba demonios en tu nombre y, como no es de los nuestros, se lo hemos querido impedir». Jesús le respondió: «No se lo impidáis; el que no está contra vosotros está a favor vuestro».

Evangelio del 24 de septiembre

 

Lc 9, 18-22

Una vez que Jesús estaba orando solo, en presencia de sus discípulos, les preguntó: «¿Quién dice la gente que soy yo?»

Ellos contestaron: «Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros dicen que ha vuelto a la vida uno de los antiguos profetas».

Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?»

Pedro tomó la palabra y dijo: «El Mesías de Dios».

Él les prohibió terminantemente decírselo a nadie.

Y añadió: «El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día».


Viernes 24 de septiembre

¡Buenos días, chicos/as!
Saludamos a Jesús y comenzamos unidos a él en este momento con la invitación a la oración: En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Hoy queremos hacer una acción de gracias por nuestras manos, porque son una gran bendición para nosotros, ya que podemos emplearlas para muchas cosas.
Jesús quiere que las utilicemos para ayudarnos y para ayudar a otras personas y quiere que aprendamos a hacer cosas buenas con ellas.

¿Has pensado alguna vez, qué podemos hacer con nuestras manos? Con las manos podemos coger, sostener objetos, arreglarnos, trabajar, jugar, relajarnos,…
También, podemos utilizar nuestras manos para comunicarnos; si las levantamos, podemos saludarnos con ellas, si hacemos gestos o señas de dactilología, nuestras manos pueden hablar con personas sordas, que no pueden oír ni hablar.
Otras personas, también utilizan sus manos para ayudarnos a nosotros.

¿Cómo utilizan tus padres u otros miembros de tu familia, las manos para ayudarte? Nuestra familia nos prepara la comida, nos lavan la ropa, juegan con nosotros y hacen con las manos muchas otras cosas para ayudarnos.
Jesús utilizaba sus manos, para bendecir a los niños y a otras personas, como los enfermos, ciegos y sordos.


¡Buen día!