Jueves 15 de abril

Damos los buenos días a Jesús y María. Respirando hondo.                                              La oración de hoy va encaminada a preguntarnos…

¿Somos solidarios con los demás?

Viendo este vídeo podemos reflexionar si somos capaces de hacer cosas por los demás, por aquellos que están cerquita. Si poquito a poco lo vamos consiguiendo con los más cercanos, lo seremos también con aquellos que no vemos ni conocemos.


Padrenuestro.

Lectura del 15 de abril


 Hch 5, 27-33

Los guardias condujeron a los apóstoles a presencia del Sanedrín, y el sumo sacerdote les interrogó: «¿No os habíamos prohibido formalmente enseñar en nombre de ese? En cambio, habéis llenado Jerusalén con vuestra enseñanza y queréis hacernos responsables de la sangre de ese hombre». Pedro y los apóstoles replicaron: «Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús, a quien vosotros matasteis, colgándolo de un madero. La diestra de Dios lo exaltó, haciéndolo jefe y salvador, para otorgarle a Israel la conversión con el perdón de los pecados. Testigos de esto somos nosotros y el Espíritu Santo, que Dios da a los que le obedecen».

Esta respuesta los exasperó, y decidieron acabar con ellos.

Miércoles 14 de abril

Alegría

Buenos días llenos de alegría.

"Nunca llueve a gusto de todos" es un dicho que quiere decir que a veces, cuando llueve puede resultar molesto porque nos impide ir al parque, o hacer otras actividades al aire libre. Pero la lluvia es muy necesaria y siempre tenemos que dar las gracias a nuestro Padre del cielo que nos la regale.

A continuación, vamos a profundizar este tema en el siguiente cuento:


- ¿Qué podemos hacer con el agua?
- ¿Cómo la encontramos en la Naturaleza?
- ¿Para qué es importante el agua?


El agua es un bien necesario y debemos de cuidarlo, porque Dios cuando creó el mundo, nos hizo cuidadores de él. Usar de forma correcta el agua es una forma de cuidar el planeta.

Padrenuestro.

Evangelio del 14 de abril

 

Jn 3, 16-21

Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna. Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.

El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios. El juicio consiste en esto: que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron la tiniebla a la luz, porque sus obras eran malas. Pues todo el que obra perversamente detesta la luz y no se acerca a la luz, para no verse acusado por sus obras. En cambio, el que realiza la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios.